lunes, 4 de octubre de 2010

El Pájaro Loco cerró el círculo


Solo una hora y 25 minutos precisó el checo Petr Korda para borrar de la cancha al Chino Ríos y dejar su nombre inscripto en la historia de un torneo grande, en este caso en el Abierto de Australia. "Llegué a la meta. Lo hice y es fantástico. Realmente trabajé duro para esto. Sólo estaba esperando mi chance. La preparé bien", aseguró una vez consumada la victoria. En la previa se esperaba un gran partido entre dos jugadores con gran técnica que habían disputado buenos partidos pero fue un monólogo, 6-2, 6-2 y 6-2 para el Pájaro Loco.



Fue la primera final cien por ciento zurda de Grand Slam desde la ganada por John Mcenroe, también por paliza, en Wimbledon 1984 ante Jimmy Connors. El mismo Big Mac le dio un consejo antes del partido: "Yo le comenté que no quería jugarme la vida, sino simplemente disfrutar del partido. Y él me deseó suerte y me recomendó que me divirtiera", contó el checo. En cambio, Marcelo Ríos no pudo con sus nervios, cometió muchos errores no forzados y sufrió el quiebre de sus servicio en siete ocasiones. En el camino a la final, Korda derrotó a Albert Portas, Scott Draper, Vicent Spadea, Cédric Pioline, Jonas Björkman y en semifinales a Karol Kučera.

Korda jugó un revés cruzado que el chileno no pudo devolver y así cerró el partido y dos semanas soñadas. Después de desvaneció en la cancha y lloró, era consciente que su carrera estaba dando el vuelco que tanto deseaba. Luego de lesiones que lo dejaron al borde del retiro y varios años luchando con los mejores tenistas de la década, logró escribir su nombre en la lista de campeones de Grand Slam. Accedió hasta el segundo puesto en el ranking y se perfilaba a transitar los últimos años de se carrera en la elite del tenis, pero luego de un partido en Wimbledon dio positivo por nandrolona y cuando se resolvió que sería castigado con una suspensión por un año, ya había colgado la raqueta.
A pesar de todos los golpes recibidos en su carrera, nadie le quita la gloria conseguida en Melbourne. Después de la final de Roland Garros perdida ante Jim Courier en 1992, no desperdició la oportunidad, logró darle un gran cierre a su carrera y como él mismo dijo:"Ahora mismo estoy en la cima del mundo”.

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